Abril - 2008
Por fin hemos realizado el viaje que todos alumnos desean hacer a lo largo de su trayectoria escolar: el viaje de fin de curso. Este viaje es algo que se lleva persiguiendo por parte de todos nosotros, desde mediados de Secundaria hasta el final. Nuestro curso en concreto lo pedimos con ansia en 4º, pero (como ya todos estáis cansados de oír), “no está establecido ir a dormir fuera...”. De todas formas fuimos al Paintball y nos lo pasamos bien igualmente.
Nosotros, la 11º generación de Bachillerato, decidimos ir a Barcelona (elegido por mayoría). Nos gustó este destino, porque al ser España, nos desenvolveríamos mejor y nos resultaba más económico que otros sitios. Se barajó la posibilidad de ir a Praga, pero por circunstancias varias no se pudo realizar. En todo caso, sea cual sea el destino que se elija para un viaje de estudios, siempre se suele pasar bien, y las ganas de compartir estos momentos con tus compañeros de prácticamente toda la vida hacen que el viaje sea inolvidable.
Como en todo viaje, no faltaron las visitas. Fueron muchas, pero unas más llevaderas que otras. Nada mas llegar, sin tan siquiera haber parado antes en el hotel, comenzamos con una entretenida visita por Barcelona mostrándonos los monumentos y zonas más destacadas de la ciudad. Todo esto guiado por una mujer que incluso nos mostraba las numerosas farolas que podíamos contemplar a nuestro alrededor, un dato con algo de gracia.
Esa misma tarde fuimos a ver el acuario de Barcelona. Breve visita en la que los pingüinos fue lo que principalmente llamó nuestra atención. Tras esta visita y conocer alguna tienda de un centro comercial cercano, fuimos por fin a descubrir con temor (por lo que habíamos visto en Internet) cómo era el hotel (que estaba en Calella), en el que íbamos a pasar las noches de nuestro viaje. La primera impresión fue buena, por lo menos por mi parte. Era un hotel a pie de playa con una pequeña vía del tren enfrente. No parecía lujoso, pero tampoco muy mal hotel. Nuestra habitación era normalita, pero destacaba la terraza que tenía una mesa y dos sillas de plástico y fue donde pasamos la mayoría de nuestro tiempo en el hotel. 
De las noches (geniales), como es lógico no vamos a hablar aquí (pero imagino que con la foto podréis haceros una idea).
El resto de los días visitamos muchas partes de Barcelona y de sus alrededores.
En Barcelona subimos a Montjuic, con unas bonitas vistas de toda la ciudad y donde nuestra compañera Carolina pudo comenzar a hacer nuestras primeras amistades con unos extranjeros. Cerca estaba el famoso “Palau San Jordi” donde se realizan muchos grandes conciertos y actos deportivos. También visitamos el interior de la Sagrada Familia (que todavía está en construcción).
Una de las cosas que más nos llamó la atención (a pesar de que suene algo extraño) fue la visita al Museo de la Ciencia. En él podías contemplar numerosos experimentos y entretenerte utilizando y probando algunos objetos relacionados con la ciencia. En el mismo lugar pudimos ver el Planetario acompañados de un grupo de personas de la tercera edad que iban comentándonos a gritos su opinión acerca de lo poco entretenida que les estaba resultando esa actividad (¡para que luego digan de la juventud!). Aunque la verdad es que algo aburrido sí que era.
En el Parque Güell estuvimos durante unas horas y pudimos ver lo más llamativo de él y, sobre todo, (ironía) “sorprendernos con la amabilidad de los camareros de la cafetería que había en su interior y que, a parte de tener unos precios muy baratos, se encargan de echar a la gente con muy buena educación, para ganarse clientes”.
Una salida la hicimos en Metro y fuimos a las Ramblas de compras (¡¡arrasamos con medio Barcelona!!). Y, cómo no, para los aficionados del fútbol y, en especial, para los del Barcelona, visitamos el Camp Nou (Armando casi lloraba de la emoción). Estuvimos en las gradas, desde la zona alta donde se sitúan las personas que van siguiendo a través de la radio y la televisión el partido, hasta las gradas más cercanas al campo. También vimos su museo, sus vestuarios e incluso su pequeña capilla.
Hicimos una pequeña escapada a Gerona y a Ampuria Brava. Ésta nos llamo la atención y, en parte, nos creó algo de envidia. Es una especie de Venecia (con canales), pero rodeados de chalets y urbanizaciones de lujo. Realizamos un breve paseo en barco alrededor de una de las mayores y más lujosas urbanizaciones de la ciudad y en la que las casas tenían a sus puertas uno o varios barcos de su propiedad.
De las visitas, la que menos nos llamó la atención, fue visitar las ruinas de Ampurias, donde pudimos contemplar restos de antiguas civilizaciones griegas y romanas. También visitamos Cadaqués un pequeño pueblecito pesquero donde vivió numerosos años de su vida Salvador Dalí y de donde nos fuimos muchos de nosotros con un gran número de cajas de su postre típico “los taps”.
Aunque parezca mucho, ¡¡aún vimos más!! Estuvimos en el Pueblo Español donde pudimos contemplar reconstrucciones de casas de las zonas más destacadas de la mayoría de las provincias españolas. Referente a Asturias había una pequeña casita donde vendían cosas de tema religioso.
Por si fuera poco, visitamos la Pedrera situada en el Paseo de Gracia. Es un proyecto de Antonio Gaudí, muy grande, cuya fachada junto a su ático, es lo más destacado. Es un edificio muy llamativo y vanguardista.
Muchas visitas, mucha cultura, mucha Barcelona, pero sin duda lo que más esperábamos era la visita del último día, la visita a Port Aventura, el popular parque de atracciones de Salou. Tenía un lado positivo, sin duda era que lo íbamos a pasar genial, pero también tenía uno negativo. El viaje se acababa. Pero (qué queréis que os diga) esto no nos influyó para nada y disfrutamos del día al máximo.

Para finalizar vamos a contaros algunas de las muchas anécdotas del viaje. Un día tuvimos la suerte de encontrarnos con Piero, el famoso italiano de la última edición de Gran Hermano. Estuvimos un rato charlando con él y (cómo no), aprovechamos para sacarnos fotos juntos. Una de las más divertidas fue cuando, un camarero africano le pidió a Cleide que se casara con él. Ésta, pensando que era broma, le siguió el juego y le dijo que sí. A la mañana siguiente, ahí estaba el camarero del buffet esperando a Cleide con una gran sonrisa en la cara.
Otro día paseando por las Ramblas, nos encontramos los famosos Mimos de las Ramblas, que son muy graciosos, pero algo agresivos. Trataron de tirarle del pelo a alguna de nuestras compañeras, o hacer alguna de las suyas. En esta misma calle también le intentaron robar el móvil de la mano a mi compañera Lucía en un descuido, pero por suerte reaccionó a tiempo y el móvil aún sigue en sus manos.
En cuanto al hotel, a Paula, una compañera de nuestra habitación, se le cayó el cabecero de la cama encima. Suerte que no estaba echada y se le cayó en la espalda. El daño no fue mucho, pero las risas fueron demasiadas. Teníamos miedo a que también se nos cayera a nosotras, y descolgamos los cabeceros de la pared.
El viaje sin duda, como todos los viajes, ha servido para conocernos mejor, para lograr entender lo que es en sí el compañerismo, para pasar unos días divertidos, para conocer Barcelona, para resolver los enfrentamientos o malentendidos de manera eficaz. En definitiva, para pasar una semana lejos de la monotonía y para cerrar los momentos vividos a lo largo de los años con una sonrisa plasmada en una foto de grupo que en unos años miraremos con nostalgia.
Andrea Blanco, Lucía Arasánz y Verónica González (1º Bachillerato) |